ARTÍCULOS | Experiencia analítica
Aimée con Schreber
por Silvia Elena Tendlarz

Aimée es el caso clínico que le permite a Lacan aislar el tipo clínico de la "paranoia de autopunición" dentro del cuadro general de la paranoia [*].

La "comunidad de estructura" de Aimée y Schreber permite que sea estudiado uno junto a otro. De hecho, Lacan construyó el historial apoyándose en los escritos de esta enferma. En ambos casos los escritos se sitúan pues en primer lugar.

Pero tropezamos con una dificultad. La construcción de un caso clínico no es independiente de la teoría puesta en juego en su análisis. La teoría psicoanalítica de las fijaciones libidinales que Lacan utiliza en su tesis lo restringe al dominio del complejo fraterno, del "narcisismo secundario", de la "elección de objeto homosexual".

De allí que se puede situar en el texto, sin ningún inconveniente, las perturbaciones psicóticas que pertenecen al registro imaginario, pero el trastorno simbólico resulta más difícil de pensar, lo que no impide, en base a nuestros conocimientos actuales, considerar al propio delirio como una metáfora delirante en el lugar de la falta de la metáfora fálica. No obstante, en el transcurso de su enseñanza Lacan se encargó de mostrar la insuficiencia de la utilización de una concepción puramente imaginaria para estudiar la psicosis.

La conceptualización del concepto de "forclusión"en lugar del "desconocimiento" (que figura en la tesis) indica el pasaje de lo imaginario a lo simbólico en el establecimiento de la causalidad de la psicosis.

De esta manera, la prevalencia simbólica y la conceptualización del Nombre-del-Padre permiten a Lacan explicar la constitución de la psicosis en otros términos que los puramente imaginarios. El concepto de forclusión sitúa una causalidad significante en la producción de la estructura. En la medida en que la significación fálica es el efecto de la inscripción del significante del Nombre-del-Padre, su falta produce un agujero que cambia el orden de la estructura.

En la tesis de Lacan la ausencia de esta formalización produce que la falta de este significante y de la significación fálica no puedan ser precisados con nitidez en el relato del caso.

Esto constituye una diferencia entre ambos casos. En su análisis del Presidente Schreber Lacan acentúa, como el propio Freud, el complejo paterno en la causalidad de la psicosis. En cambio, en el caso de Aimée falta un desarrollo en ese sentido.

No obstante, el análisis de la psicosis en Lacan continúa su recorrido, y en los años 60 incluye lo real en la introducción a las Memorias del Presidente Schreber. La indicación de la localización del goce en el lugar del Otro también puede encontrarse en el análisis de Aimée.

Tomando en cuenta estas consideraciones preliminares podemos retomar los tres registros en el análisis del caso: el eje imaginario en la aparición de los dobles, lo simbólico en el hecho de que la metáfora delirante se sitúa en el lugar de la falta de la metáfora paterna, y lo real en el goce invasor que termina por impulsarla a su pasaje al acto homicida.

1.- Breve historia del caso

Lacan encuentra a Aimée en el transcurso de su segunda internación, luego de un pasaje al acto homicida: intenta apuñalar a una célebre actriz de la época, Hugue ex – Duflos (llamada Z en la tesis), frente al teatro Saint-Georges. La primera internación acontece siete años antes, cuando decide viajar a los EE.UU. para volverse una gran escritora.

Pero el desencadenamiento de su psicosis es anterior. Lacan sitúa como "causa ocasional" de su psicosis el estado puerperal. Durante su primer embarazo, Aimée comienza a temer por la vida de su futura hija. Extraños perseguidores lo amenazan. Al nacer, el bebé está muerto, lo que refuerza sus ideas delirantes. En ese momento recibe la llamada telefónica de la que fue su antigua amiga íntima durante años, C. de la N., lo que la lleva a concluir que ella es la responsable de la muerte de su niña. A partir de ese momento se plasma la certeza psicótica que la transforma en su perseguidora.

Ahora bien, la temática de la muerte de un niño constituye un evento real padecido por la madre de Aimée durante su gestación. Su hija mayor muere como consecuencia de un grave accidente: cae en un horno encendido y muere rápidamente a causa de sus quemaduras. Este evento es retomado pues por Aimée de una manera delirante.

Dos años más tarde, ella tiene 30 años, nace su hijo, y recrudece su delirio. Se vuelve más hostil, interpretativa, querellante. Es internada entonces por primera vez con un diagnóstico de "delirio de interpretación" durante seis meses. Su salida es llevada a cabo a pedido de su familia. Decide vivir en París, y durante ese periodo construye su delirio erotomaníaco y persecutor.

Sus sucesivas perseguidoras –C. de la N., Sara Bernhardt, Huguette ex – Duflos – son consideradas por Lacan como subrogados de su hermana mayor. El complejo fraterno es situado en primer lugar. Esta hermana constituye de alguna manera el ideal de Aimée, "la imagen que ella es impotente de realizar". Así, ese odio que siente hacia ella, por un mecanismo de "desconocimiento sistemático", por negación, es orientado hacia objetos alejados de su objeto real. Se establece entonces una serie metonímica entre todas estas mujeres en la medida que toda ellas representan su ideal. Debemos señalar que el concepto de ideal utilizado por Lacan en su tesis no establece ninguna distinción entre el Ideal del yo y el Yo ideal, que hará más adelante, por lo que constituye en punto de aspiración simbólico e imaginario a la manera bovárica, es decir, determinado por la acción del "medio social".

Lacan se pregunta en su tesis: ¿Cuál es en efecto el valor representativo de sus perseguidoras para Aimée? Mujeres de letras, actrices, mujeres de mundo, ellas representan la imagen que Aimée se hace de la mujer que, en cualquier grado, goza de la libertad y del poder social…, la misma imagen que representa su ideal es el objeto de su odio".

Estas consideraciones le permiten a Lacan explicar el mecanismo de la autopunición: Aimée arremete su ideal exteriorizado, y al hacerlo, se arremete a sí misma. En la medida en que el objeto agredido tiene el valor de un símbolo, logra tranquilizarse – a diferencia del pasional – luego de su pasaje al acto. Cuando se da cuenta que por su acto es culpable frente a la ley, es decir, que logró agredirse, obtiene su pacificación.

Lacan considera que las mujeres que simbolizan el ideal de Aimée forman parte de su "idealismo pasional", de su "erotomanía homosexual". No olvidemos que la concepción de erotomanía que predomina en su tesis es la de Dide, en la que es subrayado sobre todo el aspecto platónico, es decir, que a diferencia de Clérembault deja de lado la cuestión de la sexualidad. El complejo fraterno le permite establecer una regresión a un punto de fijación narcisista paralelo al empuje de la pulsión homosexual (sigue en esta época tanto los lineamientos teóricos de Freud como de Abraham acerca de la psicosis).

La erotomanía heterosexual se manifiesta en relación a Pierre Benoit (p. B. en la tesis), analizada en términos de los tres tiempos propuestos por Clérembault, y sobre todo hacia el príncipe de Gales (a quien le envía todos sus escritos) con la forma del platonismo. El protegerá a Aimée y a su hijo. Dirige entonces su devoción a este benefactor.

2.- La estabilización delirante

Lacan formaliza la estabilización del delirio de Schreber en lo que llama el "esquema I". Si bien este esquema pertenece a la especificidad del delirio schreberiano, los puntos de orientación brindados por Lacan permiten bosquejar un análisis de Aimée.

Primero debemos introducir una diferencia esencial entre Schreber y Aimée en la evolución de la enfermedad.

Las Memorias de Schreber, que constituyen la base del análisis de Freud y de Lacan, fueron escritas durante el período de estabilización delirante. Esta metáfora delirante produce en él una cierta pacificación. Su derrumbe conduce a Schreber a un estado irreversible: muere entonces internado en su asilo psiquiátrico, completamente alienado.

La enfermedad de Aimée tiene otro recorrido. El desencadenamiento de su psicosis conlleva una progresión delirante que la conduce a su pasaje al acto. Luego, el delirio cae de golpe. Se produce entonces una remisión delirante.

Elisabeth Roudinesco relata la continuación de la historia de Aimée, en la que podemos constatar una estabilización relativa que le permite mantenerse alejada de la necesidad de una re-internación.

"En este maravillosa historia la realidad se parece a una novela. En 1941 las autoridades deciden no seguir alimentando a los pensionados de los asilos, que cuestan demasiado caros en tiempos de guerra. Centenares de alienados son echados sin recursos. Aimée sigue ese destino. Echada de Saint–Anne, en donde ocupaba las funciones de ayudante de biblioteca, es acogida en el campo por su segunda hermana. Luego de la liberación conoce a unos burgueses parisinos que poseen una residencia secundaria en el pueblo en el que se aloja. Se vuelve su cocinera, y como valoran sus talentos, la invitan a seguirlos a su casa de Boulogne. Junto a sus hornillos continúa escribiendo bajo el dominio de una inspiración religiosa. Al final de su vida proyectará escribir un ensayo sobre las mujeres de la Biblia. A veces atraviesa crisis místicas y se siente perseguida. A pesar de su locura, no volverá a cometer otros actos violentos y nunca será reinternada"[1].

Una entrevista personal con Sven Follin, quien fue el último médico interno que se encargó de ella en el hospital, me permitió afinar esta descripción. En realidad en el momento en que sale del hospital ella se encontraba bastante bien y desde hacía algún tiempo se planeaba la posibilidad de su salida.

Su hijo, Didier Anzieu, dice: (luego de su salida definitiva del hospital) "Luego de sus doce años de encierro ella llevó una vida independiente. Trabajó activamente para completar las dos escasas pensiones que le daban mi padre y los de la P.T.T. A continuación se volcó hacia las obras de caridad, en las que fue muy querida y a veces bastante susceptible. Hasta el momento de su declive guardó una curiosidad intelectual insaciable. A los ochenta años proyectó escribir un largo poema de ejecución clásica sobre las mujeres de la Biblia"[2].

El periodo analizado por Lacan incluye sobre todo el que precede y prepara el pasaje al acto. Podemos ver el camino hacia el misticismo constituye un viraje de su antiguo delirio.

Pero la escritura continúa a ocupar un lugar importante en su vida. De hecho, sus estudios y sus escritos le permiten llevar una vida estable durante los siete anios que preceden el pasaje al acto, y luego de su salida del asilo la ayudan a no necesitar una reinternación.

3.-El esquema I en Aimée

El rechazo de su novela Le détracteur en la editorial Flammarion marca el comienzo de la serie de agresiones que preceden al pasaje al acto.

Si retomamos el esquema I, la primera pregunta que podemos plantearnos es qué es lo que sostiene lo imaginario luego del desencadenamiento de la psicosis.

En Schreber Lacan indica que mantiene en todo momento una relación con su mujer. En el esquema I esto se presenta con la forma "ama a su mujer". En Aimée encontramos un cierto debilitamiento de sus relaciones afectivas. Deja a su marido, se aleja de su familia y permanece muy preocupada por su trabajo intelectual y por las persecuciones que amenazan la vida de su hijo.

Lacan subraya la discordancia manifiesta entre el lugar central de ese niño en sus preocupaciones delirantes y el interés real que ella manifiesta hacia él. En realidad ella ya no se ocupa de él, lo deja al cuidado de su hermana, y cuando el niño se enferma ya no se encarga de él. Esto indica la distancia que existe entre el niño real y el niño de su delirio.

La relación con su propia madre es diferente. Aimée lamenta haber dejado a su madre, y considera que hubiera debido quedarse junto a ella. El lazo delirante que existe entre estas dos mujeres, un poco impreciso, parece ser el único que mantiene, en lo que Lacan denomina "folie a deux".

En el esquema I podemos señalar dos orientaciones: la línea de las identificaciones imaginarias (que corresponde a los antecedentes de la conceptualización lacaniana del estadio del espejo) y el lugar que Lacan llama "la posición del Creador".

Del lado de las identificaciones imaginarias encontramos una línea (m-i) sostenida por su Ideal de ser una mujer de letras, una mujer conocida, con un cierto éxito social.

La Mujer que sueña ser, relacionada a la "erotomanía homosexual", produce por un lado la proliferación metonímica de las perseguidoras, de los dobles, que surgen por la regresión tópica al estadio del espejo, y por otra parte, traduce su esfuerzo por alcanzar a ser la mujer ideal. Esto la lleva a escribir, lo que produce una cierta suplencia imaginaria a su falta simbólica.

Retomemos brevemente los tres elementos indicados por Lacan en su esquema: el Creador, la criatura y lo creado.

La forclusión del Nombre-del-Padre produce que el lugar de la ley quede vacante. En el delirio de Schreber esto se manifiesta por un lado en la multiplicidad de dioses, en la jerarquía de los reinos que se disgregan en entidades desanexadas, y por otro en el hecho de que Dios "está forcluido de cualquier aspecto de intercambio". Esto quiere decir que Dios es completamente incapaz de comprender al ser viviente, y que está tan alejado en el espacio que sus palabras llegan al punto de ser un balbuceo.

El agujero en el lugar del que debe guardar el orden del universo, el propio Dios, pone en evidencia, en el delirio de Schreber, el agujero en lo simbólico que constituye la forclusión del Nombre-del-Padre.

Jacques-Alain Miller[3] subraya que frente a la falta de Nombre-del-Padre, el sujeto se pone en el lugar del Ideal para suplir esa falta, de allí su propia encarnación del lugar de garante del orden del universo.

En el lugar de la simbolización primordial se encuentra el liegen lassen, el "dejar caer" del Creador, es decir la forclusión del Nombre-del-Padre, forclusi[on que conlleva por parte de Schreber el esfuerzo por sostener lo creado por medio de sus palabras. Shreber se sitúa entonces en el lugar del Ideal, Ideal que no está ordenado por la ley. Al ubicarse en la posición del "garante del orden del mundo" el psicótico logra poner un límite al goce invasor. Elucubra entonces un saber que le permite crear su propia ley como suplencia a la falta de la ley paterna.

En Aimée, este lugar de "garante del orden del mundo", al estilo del delirio schreberiano, se bosqueja en la misión que debe cumplir.

Durante el período llamado por ella "acceso de disipación", cree que "tiene que ir hacia los hombres" a causa de una misión indeterminada: "aborda a los transeúntes al azar, les habla de su vago entusiasmo… y numerosas veces es llevada a hoteles, en los que quiéranlo o no, debe ejecutarse". Confiesa que siente una gran curiosidad acerca de los pensamientos de los hombres.

En el transcurso del comentario de una presentación de enfermos en Sainte-Anne, Eric Laurent subrayó que en este período Aimée se sitúa como "la mujer que falta a los hombres".

Al dirigirse hacia los hombres, uno por uno, podemos suponer que busca ubicarse en el lugar de la excepción que le permite construir el universal de los hombres. Este rasgo también es llamado por Lacan "donjuanismo", que incluye la idea del esfuerzo por contabilizar el goce.

Lacan incluye este procedimiento extraño en el "idealismo altruista". Creía estar destinada a una especie de apostolado que protegía a los hombres de la guerra. Ella sabe que debe ser algo especial en el gobierno, ejercer una influencia, guiar las reformas.

Este "idealismo altruista"se relaciona al "idealismo pasional" (ambos conceptos forman parte de la terminología de Dide), a su platonismo dirigido hacia el príncipe de Gales. Pero se plantea de modo inverso: es protegida por el príncipe de Gales de las persecuciones de Pierre Benoit. Encontramos aquí su erotomanía delirante. La protección que recibe del príncipe de Gales expresa su interés hacia ella, la manera a través de la cual el Otro goza de ella.

Pero el goce queda también enlazado a la misión que debe cumplir. La progresión que conduce hacia el pasaje al acto sitúa esta misión como un índice de goce.

Es más, Lacan llama la atención sobre el hecho que ninguno de sus episodios de ansiedad aguda la impulsan a un acto delictuoso durante más de cinco años. ¿Qué la lleva entonces a intentar matar a Huguette ex – Duflos?

Durante los últimos años antes del atentado comienza a sentir la "necesidad de hacer algo". Esta necesidad se manifiesta como "el sentimiento de faltar a sus deberes desconocidos que relaciona a los mandamientos de su misión delirante".

La publicación de sus escritos apunta entonces a hacer retroceder a sus perseguidores.

Los últimos ocho meses que anteceden su pasaje al acto siente la necesidad de "una acción directa", necesidad que se incrementa frente al rechazo de publicación de su novela.

En el momento en que ya no se puede situar más como el "garante del orden del mundo"-sus escritos son rechazados, vive con el miedo continuo e inminente del atentado contra su hijo- surge "la acción directa" con la que intenta liberarse; y simbólica, en su esfuerzo de producir una simbolización en lo real.

París, agosto de 1991.

Publicado en: Estudios Psicoanalíticos N° 1, "Metáfora y delirio", Eolia, Madrid 1993.
* Este artículo forma parte de la tesis El caso Aimée. Estudio histórico y estructural, presentada en el Departamento de Psicoanálisis de la Universidad de París VII en 1989.

NOTAS

  1. E. Roudinesco, Histoire de la psychanalyse en France. Tomo II, pág. 135. Ed. Seuil, Paris, 1986.
  2. D. Anzieu, Une peau pour les pensées. Pág. 13. Ed. Glancier-Guenaud, París, 1986.
  3. J.-A. Miller, "Sept remarques de Jacques-Alain Miller sur la création". La Lettre mensuell, n 68, págs. 9-13. Abril 1988.