ARTÍCULOS | Otras temáticas
Comentario de la tesis de Sergio Laia:
Los escritos fuera de sí. Joyce, Lacan y la locura
por Silvia Elena Tendlarz

Nuestro colega brasilero Sergio Laia ha presentado recientemente su tesis doctoral en letras en la Universidad de Belo Horizonte con el título Los escritos fuera de sí. Joyce, Lacan y la locura. Agradezco a los organizadores de esta noche que me hayan dado la oportunidad de leer este excelente trabajo y hacerlos partícipes de algunos comentarios que se desprenden de su lectura.

El texto de Sergio Laia invita a sumergirse en el universo joyceano en más de un sentido. La exploración del trabajo literario y el análisis de los elementos que permiten cernir la psicosis de Joyce se entrecruzan en una escritura en sí misma cautivante.

La tesis se divide en tres partes: 1) La locura y la creación literaria; 2) El autor, la muerte y su obra; y 3) El padre, el hijo y el espíritu de la letra. Prólogo y epílogo se acompasan como en una partitura musical: el prólogo se denomina "Joyce y sus enigmas", y el trabajo concluye con un epílogo titulado "Joyce y sus destinos". A través del pasaje del enigma a los destinos atraviesa la vida y la obra de Joyce de una manera ilustrada y rigurosa.

Este estudio sigue la enseñanza de Lacan. Retoma así el seminario dedicado a Joyce y no deja ninguna de sus indicaciones libradas al azar. Da cuenta de cada una de ella contextuándolas en sus respectivas referencias literarias, y recreando para el lector las coyunturas particulares de las alocuciones del Dr. Lacan.

No quisiera privarlos del placer de una próxima lectura del texto presentando un breve resumen, antes bien, quisiera detenerme en algunos aspectos desarrollados que me fueron interpelando.

Cierta problemática recorre este texto expresado en términos del "escribir sobre el escribir". Cuestión absolutamente pertinente puesto que se trata de escribir una tesis sobre Joyce y su escritura, que retoma el texto escrito de los seminarios de Lacan.

Sergio Laia escribe sobre el escribir de Joyce, y al hacerlo se interroga sobre ello. ¿Su producto se cierra sobre sí mismo? ¿Relanza al infinito una literatura que define su futuro como escribir sobre el escribir, a modo de circuitos cerrados de sentido?

En verdad, dice S. Laia, la literatura comienza cuando se intenta recrear con las propias palabras una unidad de materia perdida. Se escribe a partir del vacío. En el Seminario 7 Lacan indica que el vacío es el punto de partida de la creación y para argumentar esta formulación utiliza el apólogo del vaso. En la escritura, este vacío es poblado y recortado diferentemente de acuerdo a la perspectiva subjetiva que se ponga en juego en la enunciación.

Desembocamos así en la relación que se establece entre el escritor y su obra.

La modificación del lugar de la literatura a lo largo del tiempo llevó a Roland Barthes a plantear lo que denomina "la muerte del autor". El "autor" es un personaje moderno que da cuenta del prestigio de un individuo. Así, de acuerdo a Barthes, el interés por la persona del autor, por su vida, sería la consolidación en el ámbito literario del culto al individuo de la ideología capitalista.

El autor muere cuando no se coloca como una persona que habla a través de su creación. Contrapone a esta posición la enunciación del sujeto tomado desde el punto de vista de la lingüística. Con Lacan podemos situar al sujeto barrado, sujeto del inconsciente, esencialmente barrado, efecto del lenguaje, imposible de reducir a una identidad.

La muerte del autor se vuelve solidaria del nacimiento del lector en la medida en que el Otro participa en la producción de sentido.

Todas estas consideraciones preliminares permiten interrogar la relación que guarda la vida de Joyce con su propia obra, qué lugar concederle a la enunciación, cómo funciona en él su metamorfosis en el "autor James Joyce", y al escribir qué es lo que efectivamente escribe.

La obra de Joyce se impone en la medida en que se inventa como un autor a través de la creación. Si bien sus textos están llenos de neologismos y enigmas, e incluso por momentos se vuelve ilegible, ellos comportan una dimensión narrativa en la que fluye un sentido aprehensible al lector. No obstante, Joyce crea una escritura que no apunta a resguardar el sentido sino que procura encarnar lo real.

Muchos de sus textos pretenden ser autobiográficos. Pero no existe una superposición entre lo escrito y lo vivido. S. Laia diferencia los recuerdos que incluye en sus textos de los recuerdos –siempre encubridores al decir de Freud- de los neuróticos. Los recuerdos encubridores, efectivamente, son una escritura de una inscripción previa. En cambio, los recuerdos a los que acude Joyce son, en realidad, palabras que se le imponen. Este parasitismo de las palabras proviene del padre. De ellas hace un tratamiento particular que da lugar a la obra literaria.

Laia, siguiendo a Ellman, señala que el dominio retórico del padre coexiste con la ausencia de padre. Para John Joyce sus recursos simbólicos atinentes a la paternidad habían sido enterrados junto al primogénito fallecido. James viene a ocupar el lugar del hermano muerto sin llegar a ocuparlo verdaderamente. Lo que persiste es la figura de depositario de las historias familiares que el padre le adjudica. Esas historias del padre retornan implacablemente y trabaja sobre ellas en sus cuentos y novelas.

La tesis de Sergio Laia examina uno por uno los distintos aspectos analizados oportunamente por Lacan: el padre de Joyce; su obra; los elementos en los que se apoya en su diagnóstico de psicosis; el lugar que ocupa su obra; su posición respecto a su hija Lucía a quien consideraba telépata emisora.

No retrazaremos aquí todo este recorrido. Cabe destacar que a partir de la biografía de Ellman sitúa precisamente los momentos depresivos y alucinatorios que se presentan en su vida, y cómo queda desestabilizado ante la enfermedad de Lucía.

Lacan señala que la falla que produce el desanudamiento de los tres registro del nudo borromeo actúa a nivel del registro imaginario. Se puede observar en la indiferencia de Joyce frente a su cuerpo en la escena de la paliza. Esta falla no es anudada por un Nombre-del-Padre, significante forcluido, sino que es suplida a través de la creación de un ego, una identidad textual James Joyce que logra darle un nombre propio. Este enlace de los tres registros así constituido evita el franco desencadenamiento de la psicosis. De este modo, se produce un auto-engendramiento: se vuelve el padre de su propio nombre.

Ser autor, en este caso, actúa como una suplencia. Resta el real que subyace en la fuga de sentido de sus escritos. Las epifanías no deben confundirse con ese real aunque resulten ligadas a lo real. Son más bien un artificio que anuda el inconsciente y lo real.

La obra de Joyce se vuelve su propio sinthome, y deviene un nombre que incide en el conjunto del sistema del lenguaje, en toda la lengua inglesa.

Este examen debe diferenciarse de una psicobiografía. En ningún momento Lacan intenta reducir su obra a una formación del inconsciente sino, antes bien, situarlo en su particular trama subjetiva.

La tesis de Laia plantea entonces que "una obra se trama a partir de la vida del autor como una especie de respuesta que adviene de lo real de su existencia, pero que también produce efectos sobre su vida y no se limita a ser un simple reflejo del autor que la vivió" (p. 132).

Al plantear Lacan que Joyce goza de su obra exilia definitivamente la captación psicológica de la relación entre Joyce y su obra, e introduce la pregunta acerca de la función que ocupa el escribir en su subjetividad. El interés de Lacan es el de establecer una relación entre el sujeto y su obra, en tanto que el autor no responde ya a un discurso yoico sino que se entreteje en las tramas del ser-hablante. En definitiva, dice Laica, no se trata del poeta sino del poema que encarna el sujeto en su ser hablado por el Otro.

Sergio Laia logra, a través de este recorrido, situar la particular manera de volverse autor que tiene James Joyce. El ego aquí invocado responde a una suplencia más que una reafirmación neurótica yoica. Sus escritos no se reducen a su enfermedad o locura sino que se le reconoce su genio creador y el merecido impacto que logra tener en sus contemporáneos y futuros lectores.

Para seguir el camino de exégesis comenzado por Sergio Laia, los invito a que se vuelvan sus lectores. No para volverlo un autor. Desde el psicoanálisis, escribir en psicoanálisis no tiene esa intencionalidad. El trabajo de uno enriquece a todos y sostiene el work in progress de una comunidad epistémica.

* Publicado en El Caldero 80, Buenos Aires, 2001, pp. 75-77.