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Comentario del libro El niño globalizado. Segregación y violencia
de Ana-Ruth Najles
por Silvia Elena Tendlarz

ed. Plural, Bolivia, 2000

La Asociación del Campo freudiano de Bolivia acaba de publicar un nuevo libro de Ana Ruth Najles en el que vuelca una serie de conferencias dictadas por ella en la ciudad de Cochabamba en 1999. Este libro sobre psicoanálisis de niños continúa el trabajo iniciado ya en un libro anterior titulado Una política del psicoanálisis –con niños- (1996), a la vez que lo entrecruza con los problemas que plantea nuestra contemporaneidad.

El niño globalizado. Segregación y violencia no es un libro más sobre niños. Apunta a interpelar los puntos candentes de nuestro tiempo en forma original y rigurosa.

El libro se compone por tres partes diferenciadas. El primer capítulo se ocupa de los cuerpos despedazados para el intercambio en el mercado de consumo, el segundo se interroga sobre el lugar de los padres en la dirección de la cura con niños, y el tercero se sumerge en las particularidades clínicas del estudio de casos.

¿Qué sucede con la violencia creciente de nuestro mundo actual en relación a los niños?, se pregunta Ana Ruth Najles. Los niños, como los adultos, quedan presos del mercado de consumo: consumidores en la circulación de bienes, consumidos como bienes de intercambio. Todo ser-hablante es responsable de su posición subjetiva. La expresión "niño generalizado" volcada en el título significa que se lo deja sin palabras, sin responsabilidad. Y esto va más allá de las edades del hombre. El correlato social de esta posición es lo que Ana Ruth Najles, retomando a Agamben, denomina la política contemporánea de la indiferencia que expresa la función anti-solidaria de los estados modernos. Se entretejen así, solapadamente, tanto en lo individual como en lo colectivo, las políticas que conducen a la segregación.

En la medida en que se pierde el estatuto de ser-hablante para ser tomado como un objeto de manipulación por parte del mercado, homologable a los producidos por los medios tecnológicos, nos sumergimos en los procesos de segregación.

"El goce segregativo reintroduce en lo real la exclusión de lo diferente", dice Ana Ruth Najles. Este movimiento es solidario al despedazamiento del cuerpo para introducirse como un objeto de intercambio en el mercado de bienes. El clamado "His majesty the baby" de la burguesía del tiempo de Freud cae entonces de su exaltación narcisista a la revelación de su valor de uso como objeto. El niño puede ser vendido entonces en ciertos medios como objeto sexual, ser utilizado como soldado en las guerras civiles contemporáneas, ser secuestrado para utilizar sus órganos o despojado sencillamente de su infancia a través del maltrato y de las infinitas formas de violencia que nuestro tiempo logra inventar.

El psicoanálisis apunta a captar el goce particular de cada sujeto sin segregarlo en nombre del discurso del amo imperante. Por eso Najles indica de que "se trata de oponer al niño generalizado de los campos de concentración un dispositivo, como tal simbólico, para alojar el goce particular que hace consistir al ser del sujeto". Así, la política del psicoanálisis que apunta a lo singular resulta la única alternativa a la indiferencia del niño generalizado.

Los otros dos capítulos extraen las consecuencias de este planteo. Las vestiduras imaginarias son despojadas de los padres de la consulta para centrarse en qué dice acerca de su goce el ser-hablante cuando habla del padre o la madre. Así, ""Padre", "madre" e "hijo" son términos heterogéneos que sólo el fantasma –en tanto mixto de significante y goce- reúne... Sólo hay un padre y una madre por el fantasma". O, para parafrasear uno de sus subtítulos, lalengua crea el parentesco.

En el último capítulo, destinado a interpelar la clínica analítica, Ana Ruth Najles indica que el dispositivo analítico aloja el decir del sujeto, y esto vale también para los niños pequeños. La palabra del niño depende del deseo del analista. A partir de casos clínicos examina con mucha sutileza problemáticas particulares: la tristeza enlazada a la inhibición, el miedo en sustitución a la angustia que pone en evidencia que algo del objeto debe ser desprendido, y finalmente, estudia algunos casos de anorexia.

Este nuevo recorrido emprendido por Ana Ruth Najles, que combina lo particular de la clínica con la transmisión de la teoría lacaniana, es un libro de lectura necesaria no solo para quienes se interesan por el psicoanálisis con niños, sino para todos aquellos que se ocupan de los puntos álgidos actuales y examinan la ética que propone el psicoanálisis a las miserias de nuestra contemporaneidad.

* Publicado en El Caldero 82, Buenos Aires, 2000, pp. 58-59.