ENTREVISTAS | Como entrevistada
El discurso de las mujeres se ha desplazado, y recrudece la guerra entre los sexos
por Pablo Chacón

En ¿A quién mata el asesino?, los psicoanalistas Silvia Tendlarz y Carlos García proponen un acercamiento entre esa práctica y la criminología en un momento en el cual la violencia material y simbólica crece, se expande, absorbe teorías y rechaza las interpretaciones que lejos de animar ese síntoma tratan de entender y de trabajar de a uno con los sujetos implicados, si así lo desean.

El libro, publicado por la editorial Paidós, no es un catálogo de buenas intenciones ni un recetario para desavenidos, tampoco es un elogio de los locos, menos un manual para estigmatizar.

Tendlarz es doctora en psicoanálisis por la Universidad de París VIII, también es psicóloga, analista miembro de la Escuela de Orientación Lacaniana (EOL) y de la Asociación Mundial de Psicoanálisis (AMP).

Esta es la conversación que sostuvo con Télam.

 

T: ¿A qué obedece la reedición de ¿A quién mata el asesino? Psicoanálisis y criminología?

ST: La primera edición de este libro que publicamos con Carlos García en el año 2008 en la editorial Grama, tomó como punto de partida unas clases que dictamos con ese título. El pasaje al acto homicida fue el hilo de Ariadna que nos llevó a examinar las relaciones que se podían establecer entre el psicoanálisis y la criminología enfatizando los estudios de casos examinados en el ámbito psiquiátrico y psicoanalítico. Los capítulos relativos a los asesinos seriales expresaron nuestra búsqueda por entender un tipo de homicidio que no es ni individual, matar a la víctima, ni de masa, matar a muchos al mismo tiempo, sino que se establece una serie que hace que sea uno tras otro sin poder detenerse. La nueva edición es, antes que nada, una puesta al día de la bibliografía desarrollada en estos seis años, e incluye tres anexos que resultaron de las investigaciones efectuadas a partir de la publicación del libro. Primero, un análisis más exhaustivo acerca del caso Barreda y las paradojas de los peritajes y la particularidad de su pasaje al acto criminal. Y a continuación, dos breves estudios sobre temas trabajados por cada uno de nosotros.

 

T: ¿Qué podés decir acerca del asesinato de mujeres, hoy más visible pero no sé si no ha sido una constante histórica?

ST: La violencia ejercida contra las mujeres forma parte de la llamada violencia de género. Más específicamente se utiliza el término feminicidio o femicidio. Este término comenzó a ser utilizado por el movimiento feminista. La activista sudafricana Diana Russel lo utilizó en 1976 públicamente en el Primer Tribunal Internacional de Crímenes contra Mujeres, y lo definió luego como el asesinato de mujeres por el hecho de ser mujeres. En la Argentina, a partir del caso de Wanda Taddei, que murió quemada por su esposo, Eduardo Vázquez, ex músico de Callejeros, en 2010, se incrementó el número de mujeres que murieron asesinadas por medio del fuego. Es por eso que lo llaman el efecto Wanda. Las amenazas de quemar viva o prender fuego a una mujer fueron así incluidas en el discurso social como formas de atacarlas. La violencia que emerge en la relación entre un hombre y una mujer da cuenta del malestar entre los sexos. El lugar del discurso de las mujeres se ha desplazado en nuestra civilización, de allí que la guerra entre los sexos se vive de otra manera, en la medida en que se van reconociendo sus derechos y libertades. Desde el psicoanálisis, el ataque de un hombre a una mujer, por fuera del discurso de victimización, tiene sus matices. Una mujer puede volverse el síntoma de otro cuerpo, dice Eric Laurent, pero los hombres son el estrago de un cuerpo de otro sexo. Y esto no involucra solamente la cuestión del amor. De allí que la violencia de género o el feminicidio testimonian de cómo los hombres golpean, maltratan o matan a las mujeres.

 

T: En los años que pasaron desde la primera edición, la violencia - bajo todas sus formas - creció (no sólo en la Argentina) de manera exponencial. ¿Cómo pensar desde el psicoanálisis ese fenómeno y qué puede decirse de cara al futuro más o menos inmediato?

ST: En una entrevista a Eric Laurent, él hace un planteo relativo a la violencia que expresa bien el espíritu de la época. Indica que en el siglo XX existía la oposición entre las masas organizadas, como ser el ejército y la iglesia de acuerdo al planteo de Freud en Psicología de las masas y análisis del yo, y las masas no organizadas de las grandes huelgas obreras. La violencia del siglo XXI ha sustituido esa oposición por la privatización, la desmasificación de la violencia. La violencia contemporánea no solo es privada sino que es absurda, involucra la sustracción de objetos agalmáticos, que cobran valor en el mercado de consumo, sin tener en realidad un valor en sí mismos. La oposición actual es entre masas no organizadas que no son violentas, como el movimiento de los indignadosen España, o el cacerolazo en la Argentina, y una creciente violencia privada que expresa cómo la época vive la pregnancia de la pulsión de muerte.

 

T: ¿Qué podés decir sobre la violencia escolar y los crímenes en las escuelas?

ST: La violencia forma parte de nuestra vida cotidiana y cambia sus vestiduras a lo largo del tiempo: conquistas, inquisiciones, guerras entre pueblos, guerras civiles, genocidios, odio, segregación. Somos testigos en la actualidad de su aparición en las escuelas, pero no porque la violencia sea escolar, sino porque la violencia social repercute en las escuelas y se vuelve sintomática. El nuevo siglo se caracteriza por la caída del Ideal que funcionaba en otras épocas. Eso se expande sobre las instituciones. A falta del Ideal que sostenía pacificadas las identificaciones horizontales, las relaciones sociales se modifican. Se producen agrupaciones cambiantes, con gran movilidad identificatoria. Los jóvenes se apoyan cada vez más en su grupo de pares y establecen el criterio de cómo se hacen las cosas muchas veces sin una orientación sino bajo el estigma del rechazo, la discriminación y la tensión con los otros. La relación con el semejante siempre experimenta una dualidad: de amor narcisista y de agresividad como su reverso. En la medida en que se desvanece la figura de la autoridad, aumentan los fenómenos imaginarios y la agresividad que genera el lazo. En la escuela se juega la transmisión de ideales, de saberes y de la cultura. Es una institución que trata de ordenar a los alumnos a partir de saber. El derrumbe de la figura del padre desestabiliza la inclusión de los niños y jóvenes en las escuelas, aumenta el rechazo del saber, que queda desacreditado, y genera una tensión creciente. Por fuera del buen funcionamiento escolar o de los programas educativos, se sintomatiza la escolarización y la socialización escolar. La violencia aparece como un síntoma en los distintos lazos que se establecen entre directores, maestros y alumnos. Niños y adolescente tranquilos y pacíficos eventualmente se encuentran en una situación extrema que los hace reaccionar de una manera inesperada. La búsqueda de un apoyo identificatorio en sus pares no los conduce necesariamente a situarse en el mundo en forma tal de hacer evolucionar sus lazos, aprender en la escuela y abrirse a un número nuevo de posibilidades, sino que lo llevan al odio, a la violencia y a la segregación. El rechazo de la orientación de padres y maestros por parte del adolescente muchas veces expresa la desconexión, el desenganche de las figuras en las que podrían apoyarse y dirigir sus preguntas, sus incertidumbres, sus miedos. En su lugar aparece el pasaje al acto violento, como simple descarga y desafío sintomático, que en realidad no resuelve nada y los deja tanto más confundidos y desorientados. La escuela se ha vuelto el blanco del homicidio de niños y adolescentes contra sus compañeros y maestros. Siempre ha existido el homicidio de algún compañero en episodios de peleas o como consecuencia de alguna ideación delirante o de un episodio alucinatorio. Lo nuevo tal vez es lo que se llama el crimen de masa o masivo, en el que uno o dos jóvenes entran armados a una escuela y matan a los que se encuentran en ella. Estos homicidios siguen a veces con un suicidio de los ejecutores o simplemente con una posición de entrega, sin ningún intento de fuga como en el caso del joven de Carmen de Patagones que examinamos en el libro. Cuando ocurre el homicidio, ni la violencia en las escuelas, ni las burlas y acosos y peleas entre compañeros, ni la violencia familiar, ni las disputas y castigos de los padres, ni las confrontaciones escolares, ni la violencia social, la marginalidad y la segregación, nada de todo eso alcanza por sí solo para explicar cómo un joven puede matar masivamente a sus compañeros. En el homicidio de masa algo nuevo se añade que no se explica por lo biológico o por lo social. No existe el homicida tipo, como tampoco el perfil estándar que pueda explicar cómo un joven llega a ejecutar ese acto. Resulta necesario examinar cada situación en su singularidad.

 

T: En relación al anexo sobre crímenes de niños, ¿cuál es el planteo legal en relación a los homicidios de un recién nacido?

ST: El nacimiento es un momento particular para una mujer. Buscado o rechazado, impuesto o profundamente esperado, siempre implica un momento en el que una se accede o no a ser madre. No alcanza pasar por el parto, como lo indica la mayor parte de las legislaciones, para que una mujer sea madre, o sobre todo, desee serlo. El infanticidio, jurídicamente, es definido como la voluntad de dar muerte a un niño menor de tres días, en forma intencionada. A comienzos del siglo XX era considerado, en la Argentina, una forma atenuada del homicidio. Se partía de la idea de que el deshonor de ser madres solteras podría llevar a las mujeres a la locura y en ese estado matar a su bebé por la influencia del estado puerperal. Los tiempos han cambiado y el lugar de la madre soltera y de la protección de su honor también. Las familias monoparentales se expanden ya no por embarazos fortuitos, que conllevan el deshonor, sino por las distintas elecciones de los sujetos o los desencuentros de la vida amorosa. Algunas mujeres eligen tener un hijo a solas o sin casarse, ya sea con un hombre o con una mujer, de acuerdo a la ley del matrimonio igualitario, por lo que la antigua idea de madre soltera pierde vigencia. Se trata más bien de volverse madre por fuera de su estado civil. No obstante, siempre existe un reverso. Simultáneamente al cambio discursivo del siglo XXI, para muchas mujeres llevar un embarazo a solas, no buscado, incluso impuesto por una violación, continúa siendo un motivo de preocupación, pesar y desesperación, e incluso de soledad, en casos de jóvenes que no tienen a quién dirigirse y saber así que pueden entregar a su bebé en adopción. Con la reforma legal de la legislación nacional de 1994, la figura del infanticidio desapareció sobre la base de lo anacrónico de los fundamentos que lo sostenían, pero en la actualidad se busca restablecerlo de modo tal de que mujeres no reciban tan duras condenas.